“Bajo las sábanas…”
Se deslizaban llegando al final de mi
espalda. Las yemas de aquellos dedos recorrían tímidamente mi nuca y se perdían
por los laterales de mi espalda causando un furor y ansia que me hacía
estremecer con tan solo el roce de sus uñas.
La palma de su mano cubría mi nalga que
se escondía bajo una pieza fina de lencería. Acariciaba con dulzura aquella
parte de mi, que poco a poco iba descubriéndose ante los encantos del joven.
Aquella cara; la mirada perdida y la
sonrisa de placer…Ni me acordaba de ella.
Sintió mis pechos; aquellas grandes
montañas que tanto había añorado en todo este tiempo, se las llevó a la boca en
tan solo unos segundos y besó como si de una gran delicatesen se tratara.
Sigilosa salí de aquella habitación de
paredes amarillentas y poca ventilación. El temor de despertar acurrucada en su
pecho y abrazada por sus brazos, me hacía temblar, y no de placer precisamente.
Quizás debí besar al menos sus labios
para sentir en ellos el sabor de mi cuerpo; pero ni una caricia por encima de
su cabeza me atreví a dar antes de marchar.
Arropado por las sábanas húmedas de una
noche de lujuria, quedó el cuerpo de aquel que tanto daño hacía a mi corazón,
pero tanta locura entregaba a mi cuerpo…Y tal vez, de la misma forma que él
hubiera reaccionado si hubiese despertado primero, le dejé solitario entre el
calor de una pasión; mientras mis huellas se perdían por aquel pasillo del
viejo hostal.
EL RINCON DE PENSAMIENTOS
01-10-2012 // 03-10-2012

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