lunes, 17 de septiembre de 2012

"No insistiré, para no lamentar"


“No insistiré, para no lamentar” Las 24 horas, de los 365 días.

Aquella mirada inocente y pícara asechaba de reojo el escote que el vestido floreado dejaba ver. La sensación de deseo, aunque solo fuera sexual, era un suculento y tentador plato que debíamos probar.
Cada gesto o mirada que se encontraba con la mía, nos hacía sonreír tímidamente; por vergüenza o por incomodidad, pero eran miradas que tarde o temprano se emborracharían del cuerpo del otro bajo las gotas frías de una ducha.
Tan solo el roce de las yemas de sus dedos acariciando mis piernas, me volvían loca; consiguió llevarme al desenfreno con cada beso que esparcía por mi cuerpo.
El calor invadía aquellas pieles desnudas, el sudor se deslizaba por su frente y el poder de hacerme estremecer de placer cada día estaba en sus manos.
Viendo como acariciaba mi espalda, entendí que tanto fuego me iba a quemar, y que la apasionada que se esconde tras de mi, empezaría a salir poco a poco.
Tomé su mano, besé y mordisqueé lentamente cada uno de esos dedos que me hacían tocar el cielo; sentí cada poro, cada sensación que salía de su cuerpo; quizás ese fue el problema, que sentí cuando no debía.
Susurraba a mi oído tanto como quería escuchar, y esa inseguridad que me aterra, no me dejaba decir que estaba totalmente de acuerdo con todo lo que de sus labios salía.
Quizás confundí sus besos, aquellas miradas e incluso cada palabra.
Un beso, un único beso, tierno y dulce; fue lo último que tuve de él; ni siquiera fue un beso de despedida. Mi labio mordió lentamente el suyo y se dedicó a darle pequeños besos cariñosos; pero nunca fue un beso de despedida.
Podría estar así, las 24 horas de los 365 días.
“No insistiré, para no lamentar.”

EL RINCON DE PENSAMIENTOS 17-9-2012

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