El deseo podía vencer todos los temores; y cuando digo
temores, me refiero única y exclusivamente a la confianza.
Por un instante quería limitarme a sentir, vivir y
disfrutar. No me importaba lo que pudiera ocurrir cuando saliera de aquella
habitación, ni siquiera me preocupaba el pensamiento que tuviera sobre mí. Solo
quería vivir una noche junto a la piel de aquel que era mi alma gemela bajo las
sábanas.
Tal vez, bajo la eterna mujer de hierro que últimamente
siempre se pronuncia en cada uno de mis escritos la frialdad de una noche de
lujuria estaba a la orden del día; pero esta vez el temor de los sentimientos
podía llegar a ser mayor que aquel de la confianza.
El calor de aquellas piernas susurraba caricias a mis nalgas
descubiertas. Sentía que el mundo se paralizaba cuando las miradas se
encontraron; y una vez ambas en el mismo punto, comenzaron a recorrer centímetro
a centímetro del otro.
Era inevitable no mirar aquella boca que tanto me hacía
suspirar, y bajo la atenta mirada de sus ojos, pasé mis manos por su cuello y
comencé a besar una y otra vez aquellos labios, que a pesar del tiempo, no
había podido borrar de mi mente ni un segundo.
La respiración era cada vez más constante y el roce de sus
dedos subiendo desde mi cintura hasta el cuello ayudaba a que los latidos de
aquel corazón que tantas veces había sido herido se movieran con gran fuerza.
Un abrazo, tan solo un abrazo fue lo que unió dos cuerpos
desnudos; el abrazo de dos personas que quizás en muchos años se habían echado
de menos a pesar de no saber el uno la existencia del otro; un abrazo que
escondía la complicidad de cada suspiro y el temor de llevar en él algo más que
un simple momento de placer.
Tanto tiempo creyéndome una gran guerrera, una súper mujer
de hierro, un alma solitaria que no se aferra a ningún corazón… Y ahora, con el
revoloteo de la soledad que ha sido mi única alidada, me he dado cuenta que no
existen los príncipes azules ni las mujeres de hierro…Solo los bandoleros
rompecorazones y las eternas enamoradizas soñadoras.
Yo, soy una.!
El Rincón de pensamientos 03-09-2012

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