“¿Deseo Real?”
Llegué y noté un cierto nerviosismo por su parte, quizás
inquietud o incomodidad por mi
presencia.
Habían pasado muchos días desde que la rebeldía nos azotó y
en nuestra mente solo quedaron y ni siquiera con certeza, algún pensamiento
impuro sobre el otro.
Una amistad, una confianza, una tensión sexual negada, que
se esparcía como cenizas por tonterías y argumentos absurdos, y de diferente
importancia para cada uno.
Entré con paso firme y algo estúpida, pero dentro de mi, las
inseguridades y el pensar que podría flaquear a la hora de tenerlo de frente, me
hacía sacar lo peor, una sonrisa tímida y pícara a la vez.
Nunca había estado en su casa, ni pensé estarlo jamás, pues
era una “norma” que al parecer tenía consigo mismo; pero quería aquellas fotografías
que me había sacado antes de irme.
Estaba solo, y la música a todo volumen, que curiosamente,
coincida con un tema que hacía muchísimo él mismo me había pasado.
Su aspecto desenfadado y aquella mirada llena de ¿rabia?,
rompía cualquier tipo de esquema que podía haberme quedado desde la última vez
que con la yema de su dedo extendió el carmín por mis labios.
Temía hablar y desencadenar de nuevo una guerra, y me
incomodaba tener que enfrentarme cara a cara con él, un amigo que al final,
mostró su lado más rebelde conmigo.
Sabía, por su propia boca, que le sacaba de sus casillas,
que llegaba a alterarle, y aunque me tambaleaba todo por dentro, lo veía como
una ventaja.
No paraba de mirarme, y yo, esquivaba su mirada, tan solo
quería mis fotografías, para de una vez por todas, perder su contacto.
No quise ni esperarlo en el sofá, de pie, y apoyada a la
pared, cerca de la puerta, esperé que llegara con el sobre.
Lo extendió y me recomendó que las mirara por si necesitaba
algún retoque.
No quería estar ni un segundo más en esa casa, quería
perderlo de vista cuanto antes, nunca había retocado fotos no lo haría ahora…
Me invadía un fuego por dentro que ya no podía contener,
cogí el sobre, y las fotografías cayeron al suelo, todas esparcidas por aquel
pasillo.
Traté de cogerlas lo más rápido que pude, pero ese vaquero
desabrochado, sus manos, la música, y quizás los sentimientos de rabia junto
con la tensión y ese fuego que llevaba por dentro , hicieron que sin pensármelo
dos veces me lanzara en busca de lo que él un día quiso.
Poco me importaba que me apartara, pero en el fondo, creía
que no lo haría.
Le miré fijamente, y mis manos se aferraron a su pelo,
empecé a besarle, a sentir el sabor de sus labios, el calor de su lengua.
Fue quitando uno a uno los botones de mi blusa, y chupando
despacio cada milímetro de piel, bordeando con sus maravillosos dedos las
costuras de mi ropa interior.
Sentía un hormigueo por mis piernas que hasta las uñas
deseaban temblar de placer.
Su boca se adentraba en mi sexo y sus dientes rozaban el
clítoris. No podía dejar de apretar su espalda, de dejar mis huellas en cada
rincón de su cuerpo.
Mi corazón latía a mil por hora, el sudor bajaba por mi
frente y los gemidos se escapaban al son de una pequeña sonrisa; llega al
orgasmo, al éxtasis…
Y entonces, cuando mis piernas ya no podían sostenerse,
abrió la puerta, y con mirada confusa
,solo se atrevió a preguntar….-¿Hace mucho que estás aquí?, Pasa, que ya tengo
las fotografías preparadas.
Y así entré, con temor pero a la vez deseo de que alguna cayera al suelo, para poder saciar
el pensamiento que tanto me excitó en el rellano, a la espera de que abriera.
(No pierdas las buenas costumbres, cielo.)
EL RINCON DE PENSAMIENTOS 11-7-2013
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