sábado, 17 de agosto de 2013

¿La habré perdido?


¿He perdido la cordura?

Con tan solo una mordida fui capaz de perder totalmente la cordura. Aquel sabor agrio, que por inercia llevaba a mis ojos cerrarse y mi boca hacer unas muecas de disgusto; aquellos trocitos de paz que me dejaban más en un mundo paralelo que con los pies en la tierra.

Con aquella mordida, desaté su furia y perdí mi cordura.

Y recuerdo, como te recordaba, ahora mordiendo mi labio inferior y con la mirada perdida, intentando encontrar por casualidad una pizca de cordura, o al menos, con la esperanza de no llega a la locura total.

Yo siento el calor de la palma de tus manos subiendo por mi pierna, el cosquilleo de las yemas de tus dedos jugando con el interior de mis muslos. Sonrío cual loca, mientras el roce de tu barbilla se fija en mi mejilla, y tus labios besan con suavidad la comisura de mis labios.

Cierro los ojos, y ya no me importa perder la noción del tiempo, ni pretendo explorar nuevas corduras, giro lentamente la cabeza y la apoyo en mi hombro, y esos pequeños pelillos que te has dejado por barba, juegan con mis orejas, sordas de la realidad.

Y una brisa de aire caliente alborota mi pelo, y al mismo tiempo que con  una horquilla lo arreglo, abro los ojos, y me pregunto un día más, si realmente he llegado a perder el juicio.

 

EL RINCON DE PENSAMIENTOS 17-8-2013

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