¿He perdido la cordura?
Con tan solo una mordida fui capaz
de perder totalmente la cordura. Aquel sabor agrio, que por inercia llevaba a
mis ojos cerrarse y mi boca hacer unas muecas de disgusto; aquellos trocitos de
paz que me dejaban más en un mundo paralelo que con los pies en la tierra.
Con aquella mordida, desaté su
furia y perdí mi cordura.
Y recuerdo, como te recordaba,
ahora mordiendo mi labio inferior y con la mirada perdida, intentando encontrar
por casualidad una pizca de cordura, o al menos, con la esperanza de no llega a
la locura total.
Yo siento el calor de la palma de
tus manos subiendo por mi pierna, el cosquilleo de las yemas de tus dedos
jugando con el interior de mis muslos. Sonrío cual loca, mientras el roce de tu
barbilla se fija en mi mejilla, y tus labios besan con suavidad la comisura de
mis labios.
Cierro los ojos, y ya no me
importa perder la noción del tiempo, ni pretendo explorar nuevas corduras, giro
lentamente la cabeza y la apoyo en mi hombro, y esos pequeños pelillos que te
has dejado por barba, juegan con mis orejas, sordas de la realidad.
Y una brisa de aire caliente
alborota mi pelo, y al mismo tiempo que con
una horquilla lo arreglo, abro los ojos, y me pregunto un día más, si
realmente he llegado a perder el juicio.
EL RINCON DE PENSAMIENTOS
17-8-2013
